Leer o no - "No me gusta leer"
La insoportable ignorancia.
¿Desde cuando jactarse de no leer se ha vuelto una especie de virtud al revés?
Como una muestra de rebeldía se canta a los cuatro vientos el desconocimiento y la convicción de seguir por el mismo camino a sabiendas de que es posible la vida sin ver más allá del propio registro. Seguramente habrá quienes se justifiquen creyendo que se puede arribar a otro tipo de saber sin el trabajoso escarnio de la lectura. Vaya uno a saber qué ha ocurrido en sus historias para negar de plano algo que creímos un acuerdo sobre el saber tan ansiado y elogiado en otros tiempos o, mejor digamos en ciertos ámbitos a los cuales parece relegado. Que una diputada de la Nación diga abiertamente que no le gusta leer debiera ser de una gravedad tremenda pero en tiempos de influencers y de jarana permanente es para reír burlonamente de los tontos que dedican tiempo a la lectura. Cierto es que hay nuevas herramientas tecnológicas que pueden ir desde un lector automático que nos ahorra correr las páginas y fijar la vista a modernos resúmenes generados por IA o "versiones" alternativas de por ejemplo un clásico ¿Para qué leer la Ilíada si se puede ver una película con nada menos que Brad Pitt!?
En este punto podemos preguntarnos qué interpreta un lector de primera mano (del libro) y qué le deja a otro la versión alternativa, me atrevo a decir que no es la misma experiencia y mucho menos el aprendizaje. Pero más allá de lo obvio aquí se trata de comprender por qué una carencia se ha vuelto un "valor" contemporáneo con la esperanza de que sólo se trate de un sector minúsculo y no se trate de un mal emergente. Mientras reflexionamos estas cosas nos queda la esperanza de que vuelva a dar vergüenza jactarse de la ignorancia.
Ixx, 2025





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