martes, 25 de octubre de 2016

La misma historia

He oído decir que una historia que se rememora, nunca es la misma historia, que va cambiando en cada representación, en cada nueva exposición del autor/narrador como una especie de juego y que va ocupando nuevos recovecos del cerebro como reubicándose en otro espacio. Este sería algo así como el espacio de lo nuevo, la novedad necesaria en cada reelaboración para sorprender y fundamentalmente sorprendernos que es lo más importante. ¿Qué sería de nuestras anécdotas si no pudieran levantarnos, quitarnos el adormecimiento y hacernos vibrar con el relato? Así andamos por el mundo recontando historias una y otra vez, las veces que sea preciso apenas para desacomodar la rutina.

Y una vez más estaba allí en un living de una casa cualquiera de un barrio de Buenos Aires a las tres de la mañana reviviendo una vez más mi más aclamada historia, Mirna estaba conmigo, ella la conocía bien y era casi siempre la promotora, en algún momento de la velada cuando a mi entender quería llamar la atención promocionaba su monito para hacer su gracia y yo que como parte de la rutina me negaba un poco aduciendo esto o aquello, que la comida, que el vino, que es tarde... terminaba siempre por hacer mi número central... y una vez más heme aquí con una nutrida concurrencia de comensales atónicos y de ojos desorbitados, con la boca entreabierta algunas, con algo de indiferencia otros pero con esa voluntad boba de divertirse un rato más antes de regresar a al frío de este invierno y a casa en definitiva. La historia comienza con el engaño de la fecha, la precisión de aseverar: "esto que voy a contarles ocurrió el 20 de abril o el 13 de agosto de mil novecientos tanto..." las fechas cambian como cambia mi memoria pero la audiencia se reacomoda en sus asientos al presentir que van a escuchar algo tan real como asombroso. Todos queremos sorprendernos y yo mismo pretendo descubrir algo nuevo en este episodio, siempre lo hago de una manera u otra y es lo que me entusiasma, no ya al punto de exagerar o de perderme en narraciones que terminen por perderme sino siempre consciente y bajo el más absoluto control del hilo de la trama. Es  que el camino en esta historia es una madeja que se va desenvolviendo de a poco, lentamente  y que se desarrolla en las miradas y en los silencios que concita, lo he dicho: nunca es lo mismo pero lo que siempre es lo mismo es el retorno, el camino de vuelta que deberá recorrer retomando el hilo hasta regresar por completo a esta realidad mundana, banal de la que he logrado apartar por un rato a mi pequeña platea. Ya el relato sube y hay quien contiene un sobrelsalto o baja tanto que algunos hombres se incomodan, fingen toser u ocultan el rostro detrás de largos sorbos de sus bebidas. Algunas mujeres simplemente sollozan y secan sus lágrimas para seguir escuchando.
No es una historia demasiado larga, he aprendido a no abusar de la amable atención así como a intercalar breves notas de color y actualidad para ganar algunas complicidades, cuando se logra esto las narración es compartida porque en la audiencia late también el pulso de la historia, qué duda cabe que ellos son parte del relato?
Así, tras discurrir el tiempo justo y necesario y en medio de un silencio expectante he aprendido a cerrar con "... y eso es todo." simplemente pasando a un breve silencio para recorrer otra vez las miradas, ahora como un saludo final, como la venia de los artistas ya con el telón bajo. Una maña, un saludo que no se acostumbra en charlas entre conocidos pero que me deleita en mi breve rol de artista espontáneo.
Aprovecharé el momento de asombro para romper el silencio pidiendo algo de beber o comentaré algo de la música y comenzaré a moverme a modo de desperezo porque para ser franco, a mí la historia me absorbe, cada vez que la cuento siento que se lleva un pedazo de mí del mismo modo que me modifica como dije antes. Es por eso que tengo que moverme y salir, cambiar de estado, porque creo que de permanecer inmóvil voy a quedar atrapado por siempre en esa maravillosa fantasía.

IXX-jul2016

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